Becas préstamo

Gran parte de la financiación de los nuevos estudios de postgrado recae sobre la empresa y el alumnado.

Fuente : Diagonal

 

La financiación privada consta de dos vías fundamentales, las inversiones de empresas o instituciones y las tasas de los estudiantes, que en los postgrados y máster están aumentando progresivamente. De cara a favorecer el acceso de los estudiantes a este tipo de titulaciones, sensiblemente más caras, el Ministerio de Educación y Ciencia (MEC) ha sustituido las tradicionales ayudas a fondo perdido (becas) por mecanismos de pago futuro para los costes de las titulaciones universitarias (en la práctica un préstamo hipotecario).

Este nuevo concepto supone otro salto cualitativo en la concepción de la educación y de las ayudas públicas. Los estudiantes están pasando de ser becarios a prestatarios, es decir, clientes del propio MEC o de una entidad bancaria que les proporciona una cantidad prestada para el desarrollo de los estudios superiores. En Gran Bretaña, el primer país europeo en el que las tasas altas fueron compensadas con la financiación mediante préstamos-renta, las becas han sido totalmente sustituidas por este tipo de financiación al estudio.

De esta forma, hoy en el Estado español existen dos tipos de préstamos educativos públicos: las llamadas propiamente ‘becas-préstamo’ y los que se titulan eufemísticamente como ‘préstamos-renta’. Por un lado, las becas-préstamo están destinadas a estudiantes de primer y segundo ciclo, y tienen como único fin facilitar a los estudiantes la finalización de sus estudios oficiales universitarios. Se pueden solicitar créditos de un mínimo de 3.000 euros y un máximo de 9.000 euros, que serán financiados entre el MEC (70%) y una entidad bancaria (30%) que tenga convenio con el MEC. Se aplicará un período de amortización de tres años más otro (el primero) de carencia, cuyos intereses se acumularán en los tres años restantes. La liquidación total se realizará por cuotas mensuales iguales.

Además, el MEC ha especificado que el tipo de interés que se aplique se basará en el Mercado Interbancario Europeo (EURIBOR), más un diferencial de 0,3 puntos porcentuales. Una vez deducida la subvención del MEC, el total de intereses que se deriven de cada operación será asumido por los estudiantes y los bancos en una proporción de 2 a 1.
Este nuevo sistema de financiación del estudio genera una relación mercantil en el panorama educativo, donde entran en juego las entidades bancarias como un actor destacado. Éstas serán las que, a través del marco legislativo actual, tendrán el papel de acreedoras financieras de los estudios universitarios, abriendo las puertas de un nuevo nicho de mercado, los créditos para el estudio, que, como apuntan todos los indicadores interbancarios, no ha parado de crecer en los últimos tres años. En este sentido corremos el peligro de que lo que ahora nos venden como una excepción, pronto se convierta en una norma para poder acceder a unos estudios superiores.

Por otro lado, los préstamos-renta están dirigidos a aquellos titulados que quieren financiar el coste de los estudios de máster oficiales en España o en cualquier país del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), así como facilitar una renta mensual a los estudiantes que lo deseen. La que fuera ministra de Educación y Ciencia, María Jesús San Segundo, los definió ante el Senado como: “Un pacto entre generaciones. Las generaciones que trabajan y contribuyen con fondos públicos están financiando a los estudiantes de postgrado que, a su vez, devolverán el dinero prestado cuando trabajen” (Gaceta Universitaria, 17-04-2006). Los préstamos-renta consisten en un pago inicial de hasta 6.000 euros, pudiéndose solicitar además una cantidad mensual de hasta 800 euros por mes de duración oficial del máster, hasta un máximo de 21 meses. Los dos primeros años de vigencia del préstamo serán de carencia obligatoria, más el período que transcurra hasta el primer día 15 de marzo posterior a los dos años de la firma del contrato. La dotación presupuestaria que ha destinado el MEC para este tipo de préstamos es de 50 millones de euros, por lo tanto el número plazas se cerrará cuando se agote dicha cantidad.

Lastre hipotecario de 15 años

El plazo de amortización empezará a contarse a partir del ejercicio siguiente a aquel en el que la renta del alumno sobrepase en el ejercicio anterior el umbral de base imponible general y del ahorro/IRPF de 22.000 euros/año. El préstamo se amortizará en ocho años. En cualquier caso, la deuda se extinguirá trascurridos 15 años desde la formalización de la operación. Las amortizaciones del Prestatario Final serán lineales y trimestrales, y no podrá superar el total anual de 1/8 de la deuda total contraída. Los préstamos- renta suponen un lastre hipotecario de, al menos, 15 años para la mayoría de los estudiantes que opten por esta opción para poder cursar estudios de postgrado y máster.

Una hipoteca para alcanzar una mayor cualificación laboral que se tendrá que devolver a cómodos plazos una vez que el estudiante alcance una remuneración bruta de, por lo menos, 1.571 euros al mes. En ningún sitio se menciona el aumento del nivel salarial en estos supuestos 15 años de amortización. Según un estudio previo a la aprobación de los préstamos-renta, aún con la implementación de este tipo de créditos de financiación de los estudios, el postgrado será la oportunidad para que las universidades, manteniendo un número total de estudiantes probablemente menor que el existente en los estudios de Grado, conciban un horizonte en el que, como dice el profesor Vicente Ortega, “al menos el 30% del total de estudiantes sean estudiantes de postgrado, de los que un 10% estarían en programas de doctorado” (Encuentro ‘Los ingenieros y arquitectos ante Europa’, UPM, 2004).

Elitización del postgrado

Esto supondrá que, al menos, entre un 60% y un 70% de los titulados de Grado no podrá acceder a los estudios de postgrado, ni siquiera hipotecando su futuro inmediato. En la práctica, el Grado –titulación común para todos los estudiantes universitarios– adecuado a las necesidades del mercado laboral será el último peldaño para la mayoría de estudiantes, produciéndose de facto la elitización del postgrado.

Este sistema de financiación agudiza la competición entre las universidades por los recursos escasos, haciendo que “las distinguidas por su calidad se lleven la mejor parte y las que no reciban sólo fondos para asegurar su subsistencia. Así habrá competencia y ésta, como creen algunos, genera eficiencia y, como sabemos otros, genera desigualdad”, como explica Albert Corominas en “Acerca de la Universidad española, ahora” (Mientras Tanto, nº 68-9, Barcelona, 1997).
La esencia de este nuevo giro fue resumida por el anterior Consejero de Educación de la Comunidad de Madrid cuando declaró hace tres años que “las universidades no pueden aspirar a vivir exclusivamente del presupuesto público que tiene un límite; cuantos más fondos privados obtengan, más fondos les va a dar la Comunidad; una buena financiación permitirá a las universidades madrileñas competir y ser un referente en el mundo”.

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